LAS HORAS DEL DÍA DESDE EL PUNTO DE VISTA OCULTO



En la antigüedad cada hora del día estaba consagrada a una de las 12 Jerarquías Espirituales, conformando dos ciclos o períodos, dos episodios horarios ligados con el Amanecer y el Crepúsculo, con el tiempo de la Manifestación o Manvantara y el tiempo de la Oscuración o Pralaya. A saber, desde las 6 de la mañana a las 18 se extendía la prevalencia del primero de los tempos meditativos del Todo (Manvantara) y desde las 18 a las 6 el proceso íntimo y oculto (Pralaya), el más profundo ciclo meditativo del Plenum.


Si bien la Astrología Judiciaria sitúa en la cúspide de cada hora del día la regencia o influencia dominante de un planeta, existen muchas evidencias acerca de que la posición relativa de los mismos no coincide exactamente con los conocimientos mistéricos sobre ese particular, amén de que en Oriente comúnmente las horas luminosas y crepusculares eran sillares o dominios de las constelaciones visibles y oscuras o escondidas y las llamadas estrellas fijas los pilares de esos esquemas grupales cósmicos conocidos por los sabios de aquellas remotas regiones.


De una forma sinóptica se puede sugerir y no sin riesgo de error, que la Cuarta Jerarquía Espiritual, la de las Mónadas Humanas, a la que pertenecemos la mayoría de nosotros, rige particularmente las horas 21 y 9. En otro sentido, las Cuatro Estaciones Sagradas del ciclo solar anual, estaban integradas doblemente en sus analogías inferiores en el curso de cada día.





En términos generales entre las 21 y las 4 de la mañana ocurrían –y técnicamente ocurren- los grandes eventos iniciáticos; particularmente en la medianoche u hora de la coronación, al inicio del nuevo “Día en que el alma del Iniciado es Una con el Alma Colectiva de la Jerarquía Planetaria”, hora situada en el linde entre el Otoño y el Invierno superiores: los ciclos en que la luz de la vida sensorial están fuera de combate y relumbra en todo su esplendor el poder y la vibración de la “Llama sin humo”.


Análogamente y en ciclos cuaternarios se veneraba a los poderes o dioses de los elementos, práctica que en algunos casos particulares es conservada hasta nuestros días, particularmente en las rutinas o turnos de las plegarias de invocación y de ciertas prácticas contemplativas favorecedoras de una conexión consciente con las Fuerzas Vitales fundamentales.


La travesía solar era escenificada en los rituales religiosos y cultuales, siempre en conexión con las Cuatro Estaciones Sagradas y se conocía no sólo la faz radiante del astro y sus influencias, sino la faz escondida, el Solis ab scondito o Sol Negro de los maestros alquimistas: la fragua o período interior de la vida consciente y trascendental dentro de los Misterios Iniciáticos mayores.

Esta duplicidad solar reaparece episódicamente en el curso de los eclipses de luna y de sol a lo largo del año y sus consecuencias son semejantes, para el candidato, a las prevalecientes durante los ciclos o analogías mayores de la doble rueda heliática o solar. El entrenamiento sobre este particular actualmente se ofrece de forma sinóptica y muchas veces general, a fin de que los aspirantes no corran riesgos mayores, por medio de una numerosa literatura acuñada por genuinos agentes modernos de la Logia Blanca.


En cada hora del día tienen lugar pequeños ciclos completos y se avizora la influencia del quinto elemento, el éter o akasha psíquico, como factor o poder mágico que unifica o coordina a todas y cada una de las ruedas de 12 minutos, ilustrando el tipo de influencia magnética, cohesiva y ensambladora de ese pequeño cúmulo radiante de vidas y fuerzas elementales representadas por la argamasa que correlaciona “áuricamente” los minutos –y los segundos.


En la tradición tántrica indostánica estos crores o medidas de tiempo son los “habitáculos” o mansiones de “los 330.000.000 de fuerzas o poderes divinos”, que, correcta y “cabalísticamente” invocados por el operador, facilitan la obtención de específicos objetivos de múltiple carácter, en particular por la aplicación de aquella Zakti o poder natural y mágico conectado con las letras y los números reverberando en “el océano de la Luz Astral”, precipitando continuamente sobre la esfera material inferior, nuestro mundo.






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