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  • Manuel Arduino

EL PSICOPOMPO Y LOS GUARDIANES EN EL UMBRAL


Desde hace muchos años, en los escaparates de las librerías abundan manuales que pretenden adiestrar al curioso, al temerario, respecto al desdoblamiento consciente, al viaje astral. Ofrecen técnicas casi siempre asociadas al sueño, a la auto-programación sugestiva o al manejo forzado de la capacidad perceptiva; en algunos casos sostienen que se trata del método aplicado por viejos cultos y rituales de la tierra o por modernos guías e instructores en esa especialidad.

La Tradición de Sabiduría planetaria enseña que, excepto los iniciados, ya de la mano derecha como de la mano izquierda, y las almas desencarnadas, cuyos cuerpos han muerto, en el resto de los casos los órganos de la percepción astral no se encuentran completamente desarrollados: no se ha nacido de nuevo en el reino de los muertos, con lo que esta noción comporta respecto al desarrollo y actualización de las facultades perceptivas y sensibles propias de ese nivel de la realidad manifestada.

Los aludidos manuales generalmente terminan por procurarle al curioso experiencias de desprendimiento del cuerpo físico o complejas y críticas vivencias en un universo caótico, lleno de formas fantasmagóricas o amenazantes, sin que disponga de poder alguno para vérselas con semejantes experiencias límites.

Vimos como en el caso de los tanatólogos, al carecer de experiencia directa y por no haber sido iniciados necesariamente en los misterios de la naturaleza escondida, la carencia referida puede obrar en detrimento de la perfección de la técnica. Sin embargo, en estos casos de individuos afectados a estas prácticas de guía o conducción moral, el desarrollo de la intuición, de la capacidad perceptiva se da por efecto de la calidad del trabajo que realizan. En el esfuerzo por acompañar compasivamente al viajero espacial, ellos mismos desarrollan facultades hasta ese entonces dormidas, especialmente la facultad de la percatación y de la inspiración más explícita. De hecho en cada especialidad solidaria o de ayuda ocurre algo semejante: en la medida que el amor y la compasión sean ingredientes específicos de las mismas, el práctico amplía su capacidad perceptiva e intuitiva, su inspiración, a grados insospechados. Desde este punto de vista, en última instancia es el amor el guía del psicopompo moderno, la actitud de servicio, el objetivo solidario y compasivo. Las excelencias de los efectos de los trabajos hechos con desprendimiento, olvido de uno mismo y compasión, son magníficas. Este es por el momento el sello seguro de éxito, la garantía de que el trabajo de guiar u orientar moral y afectivamente a las almas de los pasajeros en el espacio tiempo, habrá de funcionar eficazmente. De todas formas la investigación en los tratados espirituales sobre la vida y la muerte es y será siempre una necesidad tan importante como el resto de los adiestramientos y aprendizajes que necesariamente deba tomar.

Hemos visto cómo el chamán sorteaba los sellos elementales que custodian la dimensión contigua y eventualmente hemos sugerido que la más completa pureza de vida y la consagración al ideal más elevado hacían del teúrgo un alma libre con plena disponibilidad para acceder a las distintas esferas de la realidad manifestada. Lo que cuenta es reforzar la vieja noción, cada vez más incidente, de la existencia de guardianes en el umbral, de criaturas psíquicas afectadas a bloquear la intrusión, la intromisión inescrupulosa de cualquier aventurero que busque un palmo de expansión perceptiva y de poder para su solo provecho. La curiosidad y la ramplona aventura no cuentan en los reinos sutiles, ni siquiera en la dimensión astral, tan contaminada y afectada por la calidad de la vida de deseos y el psiquismo colectivo. Los guardianes en el umbral pueden ser reemplazados por íncubos y súcubos cuando el intruso tiene una efervescente vida sexual, cuando las pasiones y los excesos carnales ensucian el aura del individuo en cuestión. Las consiguientes obsesiones y los cuadros delirantes son secuelas naturales del bloqueo antes aludido y de la forma en que la mente personal enfrenta esas escenas dantescas o desafiantes.

Los neuropsiquátricos, las clínicas en las cuales se da atención a los perturbados, a los delirantes, se encuentran ocasionalmente habitadas por psíquicos espontáneos así como por manipuladores de las fuerzas de la naturaleza con una descartable vida moral. La locura, la completa insania, son secuelas previsibles en las vidas de los hurgadores del basurero astral, del llamado bajo astral, que no se han desprendido de sus vicios y del desenfreno y profundo egoísmo que los caracteriza.

Nunca un brujo comarcal `puede ser considerado un psicopompo, por más que una gran variedad de cultos espiritistas de origen arcaico pretendan servir de mediadores y puentes hábiles a esos efectos. La naturaleza de las materializaciones y canalizaciones suele ser algo por completo espurio en lo cual el médium no interviene conscientemente, es un receptor pasivo y fácilmente manejable. Las afecciones que la mediumnidad puede traer aparejadas para el incauto operador psíquico son muy diversas. Lo que la enseñanza sapiencial encomia es el actuar con absoluta moderación y en la medida de los posible a plena conciencia, en cualquier circunstancia o emplazamiento donde tenga lugar alguna forma de curso invocativo o de sesión. No perder jamás la conciencia ni permitir que otras personas afecten nuestra naturaleza áurica, nos manipulen o manejen ni física ni verbalmente. Estas insinuaciones, estas sugestiones deben ser tomadas muy en serio por los curiosos que ambulan de un antro a otro a la búsqueda de fenómenos que sacien su incontenible y en ocasiones morbosa curiosidad. Nadie debería confiar su propia estructura psíquica a otras personas en el curso de estos cuadros cultuales. Esta es una advertencia muy importante. Es necesario reflexionar sobre todo esto, sobre las implicaciones de perder, parcial o completamente la conciencia, en el marco de actividades de orden pseudo místicas.

Incluso los tanatólogos en el sueño pueden ser acosados por semejantes guardianes en el umbral, como se dijo y en todos los casos dependiendo de la calidad de la vida moral y mental que tengan. Eventualmente debido a experiencias ocurridas en existencias anteriores, estos psicopompos modernos, habrán de vérselas con las fuerzas recelosas que custodian el umbral entre los mundos. Ante semejante circunstancia la Tradición encomia suspender las prácticas hasta tanto se consiga adecuar, armonizar el mundo emocional y mental, por medio del instrumento poderoso de la meditación, eventualmente de la plegaria expresada con los arpegios del corazón. En la medida que nuestra vida de un vuelco, el hostigamiento de las entidades astrales cesará, o al menos se atenuará hasta niveles ciertamente tolerables.

Estas advertencias son de recibo, absolutamente, puesto que existe una tendencia actual muy marcada a lanzarse a practicar cualquier cosa de la forma más descuidada e incauta, sin medir las consecuencias de sus actos ni conocer justamente lo desafiante de la situación.

Los propios psicopompos con su actividad mistérica se transformaban en alguna medida en custodios noveles y superiores del umbral. La existencia de las arcaicas Escuelas de Misterio y la Ciencia de los Santuarios, la ciencia secreta, aseguraban que los intrusos, que los curiosos y usurpadores jamás habrían de ingresar a las dimensiones interiores de la naturaleza, sin perder una porción vital de su integridad. El psicopompo es el natural custodio de la vida en los reinos del alma, de allí su importancia cenital y la superioridad de su servicio, servicio que ha sufrido y sufrirá variaciones de todo tipo a lo largo del tempo, sin perder nunca su contenido inmensamente ético y sapiencial. Las nuevas generaciones de estudiantes deberíamos tener en cuenta la pureza de vida y propósito de los teúrgos y taumaturgos del pasado, antes de hacer ningún movimiento riesgoso en el tablero de fuerzas mundiales.

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